Saludos a todos,

En lo poco que llevo en este foro, todaví*a no he tenido la oportunidad de toparme con algíºn testimonio positivo de aquellos que han abandonado la sociedad de los testigos de Jehoví¡. Todo lo contrario, los pocos testimonios que he podido leer son quejas contra el Dios de la Biblia y Su Palabra que, a mi entender, surjen por culpa de un engaí±o hechos por hombres falibles a quienes í©stos seguí*an.

Por tal motivo he traido un testimonio de una persona que no solamente pisó el lugar de reunión de los testigos de jehoví¡, sino que siguió al pie de la letra todas las reglas/leyes de dicha secta; y quien a pesar de haberse dado cuenta del engaí±o que le hicieron aquellos a quien í©l seguí*a, decidio, una vez que se aparta de la secta, no poner en ridí*culo la Palabra de Dios (la que nunca le hizo ningun mal), ni mucho menos proclamar por las cuatro esquina de que Dios no existe, sino todo lo contrario, que a pesar de lo que le pasó aceptó a Dios (Jesus Cristo) como su Seí±or y Salvador.


...

Puesto que yo habia vivido en este sistema toda mi vida, yo sabí*a lo que se esperaba de mí*. Yo tenia que seguir las reglas para poder ganar la salvación. Yo habí*a ido de casa en casa desde que era un nií±o pequeí±o.
...

Como tení*amos dos varoncitos aí±orí¡bamos que naciera una nií±a y esmerí¡bamos que el tener una hijita completarí*a la felicidad que faltaba en nuestra familia. El 10 de agosto de 1980, Jenny Leigh Blizard nació. Nos sentí*amos muy emocionados. Pero la tragedia nos azotó. A las cinco semanas de edad, se descubrió que Jenny padecí*a de una enfermedad muy rara de la sangre.

...
Les invito a que lean su testimonio.

saludos.





Paul Blizard, USA

(Nota para el lector católico: Paul Blizard es ahora pastor de una iglesia evangí©lica; no obstante algunos pasajes de caris "evangí©lico", el lector católico podrí¡ encontrar un vibrante testimonio de los sufrimientos que ocasionó la pertenencia a la secta al autor, y la "liberación" que Dios tení*a preparada para ellos, por caminos que sólo í‰l conoce. Le agradecemos al autor el habernos enviado este escrito)

Para el cristiano promedio, el nombre "Testigos de Jehoví¡" trae a la mente un grupo de personas ní*tidamente vestidas que van de casa en casa por el vecindario vendiendo la revista La Atalaya, o tal vez algíºn libro. Sin embargo, cuando pienso en los Testigos de Jehoví¡, lo que me viene a la mente es una larga esclavitud a un culto al cual serví* durante los primeros 28 años de mi vida. Mi abuelo se hizo miembro de la Sociedad Watchtower a principios de los años 1900. Mis padres eran Testigos de Jehoví¡ activos. Mi padre todaví*a es un anciano presidente en el Salón del Reino local.

Me enseí±aron que los Testigos de Jehoví¡ tienen la íºnica religión verdadera, una religión gobernada desde la central mundial de la Sociedad Watchtower en Brooklyn, N.Y. El cuerpo gobernante tiene control de 3.2 millones de personas. Uso la palabra "control" porque los Testigos de Jehoví¡ creen que todo lo que este escrito en la Watchtower viene de Dios y no debe ponerse en duda. Ellos creen que el cuerpo gobernante recibe "nueva luz" de los angeles, la cual lo explica todo acerca de la Biblia. Ellos creen que la Watchtower es el íºnico conducto que Dios este usando. Por eso, creen que aparte de la organización de la Watchtower, la gente no tiene esperanza alguna. Creen que ellos son los íºnicos que tienen la verdad, que son los íºnicos que serí¡n salvados y que todas las demas personas serí¡n destruidas por Jehoví¡ Dios en la batalla de Armagedón.

Comencí© mi servicio de tiempo cabal en la Watchtower en 1971, despuí©s de abandonar la escuela secundaria. Como trabajador misionero fui de casa en casa tratando de convencer a la gente de que deberí*an hacerse Testigos de Jehoví¡ para complacer a Dios y así*, quizí¡s, recibir la salvación.

Digo "quizí¡s" porque los Testigos de Jehoví¡ no estí¡n seguros de su salvación. El modo de salvación de la Watchtower se basa en las obras, y no en la gracia salvadora de la sangre de Jesucristo, la cual recibimos gratuitamente por medio de la fe.

El sistema de obras de vender libros de la Watchtower pone al Testigo de Jehoví¡ en la posición de ser salvo solo si í‰ste es fiel a la organización y hace todo lo que í‰sta le dice. La fidelidad a la organización envuelve obediencia a una hueste de reglas y reglamentos, que los ancianos de la Watchtower ponen en vigor con gran celo.

La violación de cualquiera de estas reglas establecidas por el cuerpo gobernante de la Sociedad Watchtower puede resultar en castigo y restricciones, dependiendo de la ofensa cometida. Los ancianos tienen el poder de quitar la salvación, restringir la vida de oracion, interrumpir la comunicación entre miembros de la familia o cualquier otra cosa que crean que pueda llevar al arrepentimiento al Testigo vacilante.

Los Testigos de Jehoví¡ tienen que informar a los ancianos el tiempo que dedican a la obra de la Sociedad. Los ancianos a su vez registran la información en un archivo. Se conserva un archivo para cada miembro de la congregación.

Este archivo tambií©n contiene información acerca de cualquier pecado grave que el Testigo cometa. Toda la información relacionada con la vida privada del Testigo se mantiene en los archivos maestros de la sociedad en Nueva York. Nunca son destruidos.

Puesto que yo habí*a vivido en este sistema toda mi vida, yo sabí*a lo que se esperaba de mí*. Yo tení*a que seguir las reglas para poder ganar la salvación. Yo habí*a ido de casa en casa desde que era un nií±o pequeí±o. De modo que me fue fí¡cil adaptarme al servicio de tiempo cabal.

Continuí© en ese servicio por varios años, pero fe muy poca la satisfacción que recibí*. La presión de mantenerme al dí*a con las cuotas mensuales de 100 horas al mes, así* como la venta de un mí*nimo de 100 revistas y 40 libros al mes, comenzó a desanimarme. Todo ese trabajo es voluntario y no se recibe salario alguno por í‰l. Los Testigos tienen que encontrar empleo que los mantenga en esta obra.

En 1973 recibí* la invitación de ir a la Central Mundial en Brooklyn como parte de un vasto personal de obreros que producen la literatura. En una carta del presidente de la Sociedad Watchtower, Nathan H. Knorr, recibí* la seguridad de que "cuatro años en la central mundial eran mucho mejor que cualquier educación seglar que uno pudiera recibir en cualquier otro lugar."

Con ansias subí* el avión que me llevarí*a a la ciudad de Nueva York. Mientras estaba en el avión recordaba la envidia que sintieron todos mis amigos, debido a que yo iba a vivir con los miembros del cuerpo gobernante, y lo maravilloso que serí*a estar en el centro de actividad de una obra de alcance mundial. Los hermanos me celebraron fiestas de despedida y me hicieron regalos y encomiaron a mis orgullosos padres por criarme en la organización de tal modo que ahora podí*an ver a su hijo ir a un lugar tan maravilloso.

Poco despuí©s de llegar a Nueva York aquella ilusión comenzó a desvanecerse al ser asignado a trabajar en la fí¡brica. La "educación" que recibí* en la central mundial de la Watchtower consistió en trabajar arduamente y en observar los mí©todos de la organización desde su interior.

El espacio no permite dar los detalles de lo que yo experimentí© mientras trabajaba largas horas en el departamento de encuadernación. Allí* alimentí© mí¡quinas para la "organización de Dios." Recuerdo la presión mental que me produjo el tremendo níºmero de reglas y reglamentos que era necesario obedecer. El plan maestro de los lí*deres de la Watchtower controlaba adonde yo iba, lo que yo hací*a y cómo lo hací*a.
Despuí©s de pasar tres años en la central mundial, sin dinero alguno para comenzar en el mundo (nuestra paga era $14.00 al mes), aprendí* la dura realidad de tratar de ganarme la vida sin tener ningíºn oficio ni entrenamiento. A los Testigos de Jehoví¡ no se les permite ir a la universidad.

Me casí© con una buena Testigo de Jehoví¡, y nos propusimos tratar de complacer a Dios de la mejor manera que sabí*amos. Es decir, fuimos buenos Testigos de Jehoví¡ y seguimos todas las reglas y leyes. Mi esposa Pat habí*a sido misionera por ocho años. A ella la habí*an enviado a varias partes de los Estados Unidos en su obra, bajo la dirección de la Sociedad Watchtower.

Despuí©s de regresar con un "archivo limpio" de la oficina de Nueva York, los ancianos locales me usaron extensamente para enseí±ar desde la plataforma. La mayorí*a de los Testigos de Jehoví¡ concuerdan en que cualquiera que haya pasado algíºn tiempo en la central mundial es merecedor de mayor responsabilidades en la congregación local.

A medida que mi posición aumentaba en la congregación, comencí© a recibir entrenamiento en la obra clandestina de los ancianos. Era emocionante salir de noche a seguir tras los miembros de la congregación que estaban bajo sospecha de estar cometiendo algíºn mal. Tambií©n recibí* acceso a los archivos de la congregación que revelan la información confidencial de todos los miembros de la congregación. Me usaban en la misma clase de operaciones clandestinas que yo habí*a presenciado en la central mundial, operaciones que controlaban a los obreros que viví*an allí*.

Durante todo ese tiempo yo no recibí* ninguna satisfacción y tampoco sentí* paz. La presión de tratar de servir a un Dios vengativo y colí©rico es mas de lo que se puede describir. La organización siempre ha pintado a Jehoví¡ como un Dios listo para "derramar su venganza." Todo lo que yo sabí*a era lo que leí*a en la Watchtower. Sí*, nosotros leí*amos la Biblia, pero se nos decí*a que si la leí*amos sin la ayuda de los libros de la Watchtower para interpretarla, estí¡bamos destinados a caer en el error y la apostasí*a.

En ese entonces un amigo me mostró un libro que habí*a sido escrito por un ex-testigo de Jehoví¡ intitulado "Treinta años como esclavo de la Watchtower." Yo sabí*a que mi deber como buen Testigo era entregar a mi amigo a los ancianos, pues tení*amos prohibido leer material que estuviera en contra de los Testigos.

Pero por rebeldí*a, leí* el libro. Me perturbó mucho, pues el autor habí*a trabajado en la central mundial, y yo podí*a simpatizar con muchas de las cosas que í‰l decí*a en el libro. Muchas de las cosas que yo habí*a tratado de borrar de mi memoria resurgieron, y las dudas que el libro hací*a surgir sobre la autoridad de la Watchtower me dejaron muy nervioso. El autor mencionó que í‰l habí*a hallado la verdad espiritual estudiando la Biblia aparte de las publicaciones de la Watchtower.

Durante todo ese tiempo el Espí*ritu Santo me estaba llamando a estudiar la Palabra de Dios. Aunque tení*amos nuestra propia Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras (traducida por la Sociedad Watchtower, la cual segíºn declaran los eruditos en los idiomas hebreo y griego es una traducción muy prejuiciada), comprí© una versión de la New American Standard Bible. En secreto mi esposa y yo estudií¡bamos nuestra nueva Biblia hasta muy tarde en la noche, descubriendo que muchas de las doctrinas principales por las cuales habí*amos estado dispuestos a morir eran falsas. Al fin, confrontí© a mi padre con algunas de estas cuestiones. Puesto que í‰l era anciano, se dio cuenta de que yo estaba poniendo en duda algunas de las enseí±anzas principales de la Watchtower y me reportó a mí* y a mi esposa a los ancianos, y nos hicieran un juicio por apostasí*a.

Despuí©s de un juicio largo en el cual derramamos muchas lí¡grimas, nos arrepentimos de dudar de la Sociedad Watchtower y se nos permitió permanecer como Testigos de Jehoví¡, pero a mí* me quitaron todas mis responsabilidades en la congregación. Yo tendrí*a que ser vigilado por cierto perí*odo de tiempo antes de poder volver a servir en alguna posición de la congregación.

Una cambio de trabajo a otro pueblo me trajo una muy bienvenida medida de alivio. Me ilusioní© con la idea de ir a otra congregación y tener un nuevo comienzo. Pero pronto quedí© desilusionado cuando recordí© que mi juicio estarí*a en mi archivo y que í‰ste me seguirí*a adondequiera que yo fuera por el resto de mi vida.

Por supuesto, los ancianos de la nueva congregación recibieron mi archivo poco despuí©s que yo comencí© a asistir a las reuniones. Me dijeron que me estarí*an vigilando por cierto tiempo para asegurarse de que mis ideas apóstatas no volverí*an a resurgir. Me advirtieron de que si yo trataba de compartir esas ideas con algíºn miembro de la congregación me excomunicarí*an. Yo prometí* lealtad a la organización y dije que no volverí*a a leer o hablar acerca de nada que fuera diferente de la posición de la Watchtower sobre las Escrituras.

Pasaron dos años. El estar bajo el escudrií±amiento de los ancianos me dejó muy vací*o. Nada, ni siquiera mis hijos, que me habí*an traí*do tanto gozo, llenaban de plenitud mi vida. Yo necesitaba algo, pero no sabí*a lo que era. Mi esposa y yo a menudo bebí*amos en exceso tratando de hallar alguna clase de gozo. Pero esto nos dejaba vací*os.

Como tení*amos dos varoncitos aí±orí¡bamos que naciera una nií±a y esmerí¡bamos que el tener una hijita completarí*a la felicidad que faltaba en nuestra familia. El 10 de agosto de 1980, Jenny Leigh Blizard nació. Nos sentí*amos muy emocionados. Pero la tragedia nos azotó. A las cinco semanas de edad, se descubrió que Jenny padecí*a de una enfermedad muy rara de la sangre.

Los médicos locales nos enviaron a San Antonio, Texas, para tratar la condición de Jenny. La llevamos a los doctores del Centro Mí©dico Santa Rosa, un hospital para el cuidado especial de infantes, en busca del tratamiento que le restablecerí*a la salud a Jenny. ¿Por quí© estaba Jenny sangrando internamente? ¿Por quí© no se le coagulaba la sangre? Los doctores pasaron varios dí*as tratando de llegar a una conclusión.

Finalmente los doctores nos notificaron que a fin de salvarle la vida a Jenny era preciso darle una transfusión de sangre. Este era un problema muy difí*cil para nosotros porque la ley de la Watchtower no le permite a ningíºn Testigo de Jehoví¡ recibir sangre en forma alguna. Los Testigos de Jehoví¡ llevan tarjetas que declaran que bajo ninguna circunstancia ellos recibirí¡n sangre.

Yo les pedí* a los doctores que salieran de la habitación y les dije que les darí*a una contesta prontamente. Mi esposa y yo oramos y clamamos a Dios pidiendo que nos respondiera. Recuerdo que pensí©: "¡O Jehoví¡ como puedes pedirme que tome una decisión como í©sta... un sí* o un no en cuanto a si Jenny vive o muere! ¡Quí© clase de Dios eres tíº!" Finalmente mi esposa y yo llamamos a los doctores y les informamos que tení*amos que obedecer la ley de Dios y que tendrí*amos que dejar que Jenny muriera.

Los oficiales del hospital se comunicaron con el Departamento de Bienestar de Infantes de Texas y nos entablaron juicio por abuso y descuido de infantes. La corte emitió una orden para asegurarse de que Jenny recibirí*a la sangre que ella necesitaba para salvar su vida. El alguacil del Departamento del Condado de Bexar nos entregó a mi esposa y a mí* citaciones y advirtió al personal del hospital que no nos permitieran llevarnos a Jenny del hospital. Los Testigos de Jehoví¡ tienen un extenso historial de llevarse clandestinamente a los pacientes de los hospitales para así* evitar transfusiones de sangre a toda costa.

Mi esposa y yo sentimos un gran alivio secreto pues sabí*amos que de ese modo Jenny recibirí*a la ayuda que ella necesitaba con la transfusión de sangre. Yo sentí* que habí*a hecho todo lo que podí*a para tratar de impedir que ella recibiera la sangre, sin darme cuenta de que la corte intervendrí*a.

Los reporteros de los periódicos The San Antonio Express/News y The San Antonio Light, se enteraron de lo que habí*a pasado y publicaron el relato, aunque nosotros nos negamos a hablar con los reporteros. Al mirar atrí¡s me doy cuenta de que lo que ellos hicieron es digno de elogio.

Mientras tanto, ciertos amigos nuestros se comunicaron con los ancianos de la congregación local, y estos vinieron a visitarnos prontamente. Los ancianos se sintieron aliviados cuando descubrieron que todaví*a habí*a tiempo para sacar a Jenny del hospital antes de que le pusieran la transfusión.

Yo les expliquí© que el asunto ya no estaba en nuestras manos y que bajo orden de la corte yo no podí*a sacar a Jenny del hospital. Esto no les interesó en lo mas mí*nimo. Su íºnico interés era sacarla del hospital.
Yo sabí*a que Jenny morirí*a en poco tiempo si la removí*a de la mí¡quina que la mantení*a viva y que me acusarí*an de asesinato. Le expliquí© esto a los ancianos. Me contestaron: "¡Ese es un riesgo que tienes que correr! ¡No puedes permitir que lo pongan sangre a tu hija!"
Sin mas discusión, les pedí* que se marcharan, declarando que no podí*a permitir que mi hija muriera de ese modo. "Si ese es el Dios a quien sirvo, no quiero saber mas de El."

Los ancianos se marcharon del hospital sumamente irritados conmigo porque no me habí*a sometido a sus dictí¡menes. Uno de ellos me dijo al partir: "¡Espero que la sangre le ocasione hepatitis a tu hija!. ¡Así* verí¡s lo malo que es aceptar sangre!"

Cuando por fin trajimos a Jenny a nuestra casa, los Testigos de nuestro pueblo se habí*an enterado de que aunque habí*amos protestado por la transfusión, al fin habí*amos permitido que le pusieran sangre a Jenny. Debido a ello eramos como parias para los testigos, pero no tomaron acción para excomunicarnos. La ley que exige excomunicación nos hubiera aplicado solo si hubií©ramos consentido libremente a que le hicieran la transfusión.

En ese momento Dios intervino en el asunto. Nuestros vecinos cristianos vení*an a nuestra casa y nos ayudaban con alimento y dinero y en cualquier otra cosa en que pudieran. El testimonio vivo de esas personas nos afectó tanto a mi esposa y a mí*, que decidimos reanudar nuestro estudio de la Biblia. Esos meses de un intenso estudio secreto de la Biblia nos llevaron a la conclusión de que habí*amos estado viviendo una mentira. Habí*amos estado esclavizados a un sistema de interpretación de las Escrituras que habí*a aplastado nuestro libre pensar. En las cuestiones y puntos doctrinales con los cuales yo habí*a tenido tantas dificultades, la Biblia estaba clara. Leí* la Biblia en contexto, sin la ayuda de un libro o revista que me instruyera.

El resultado de ese estudio fue que hallí© que todos necesitamos la salvación que ofrece nuestro Seí±or Jesucristo. Hallamos que Dios es un Dios de Amor y no un Dios de ira.

Una noche mi esposa y yo nos cogimos de las manos y entregamos nuestra vida al Seí±or Jesucristo. De síºbito sentimos que nuestro espí*ritu habí*a sido desencadenado. Aquel desencadenamiento nos trajo liberación, libertad y salvación. Habí*amos "nacido de nuevo." Nunca me habí*a sentido así* durante todas las miles de horas de trabajo que habí*a pasado tratando de complacer a Dios como buen Testigo de Jehoví¡. Sabí*amos que habí*amos sido cambiados. Eramos una "nueva creación." Como dijo el apóstol Juan: "para que sepí¡is que tení©is vida eterna." (1 Juan 5:13)

Por supuesto, rí¡pidamente fuimos expulsados de los Testigos de Jehoví¡. Bajo las reglas de excomunicación, no podemos tener contacto alguno con nuestra familia y nuestros anteriores amigos en la organización. Nuestros propios padres no pueden ni siquiera asistir a nuestro funeral. Segíºn la ley de la Watchtower los Testigos tienen que considerarnos como si estuvií©ramos muertos. A cualquier Testigo que encuentren hablando con nosotros lo pueden someter a una acción judicial, e incluso expulsarlo.

Sin embargo, tengo que decir que no estamos muertos, sino muy vivos. Sí*, estamos muertos a nuestro modo de vivir anterior, pero vivos en Jesucristo, llenos del Espí*ritu Santo y poder, salvados por la sangre del Cordero.

En conclusión, la condición de nuestra hija era tan seria que no podí*a ser corregida permanentemente por una transfusión de sangre. Las transfusiones que les suministraron cuando era una infante le prolongaron la vida, pero el 3 de marzo de 1987, a los seis años de edad Jenny se marchó a casa a estar con el Seí±or.

La consideramos como el "mensajero especial de Dios" para nuestra vida. Por medio de su enfermedad y breve vida, llegamos a reconocer el engaí±o de la Sociedad Watchtower, profesamos y recibimos a Jesucristo como Salvador y Seí±or, y compartimos el conocimiento redimidor del Salvador con muchos Testigos de Jehoví¡ por todo el paí*s.

Ademas, durante los 39 dí*as finales de la vida de Jenny, en el Centro mí©dico para Infantes de Dallas, pasamos mucho tiempo orando y dando testimonio de Cristo a las familias de otros nií±os que estaban graves o mortalmente enfermos en aquel hospital.
Finalmente, algunos de los detalles del funeral de Jenny dan testimonio de la naturaleza de la Sociedad Watchtower y del control que esta tiene sobre sus miembros.

En el memorial de Jenny, las primeras cuatro hileras de asientos fueron reservadas para los miembros de la familia (incluso abuelos, tí*os, primos, etc.). El resto de las hileras de asientos estaban disponibles para los miembros de la iglesia y para la gente del pueblo. Esta íºltima parte de la iglesia estaba completamente llena. Gente de todas partes vino a compartir nuestro dolor por la pí©rdida de nuestra hijita. Sin embargo, las hileras asignadas para la familia de Jenny estaban ocupadas por solamente cinco personas... yo mismo, Pat, los dos hermanos de Jenny y su hermanita menor. Ningíºn otro miembro de la familia asistió al funeral. La dureza que la Sociedad Watchtower mostró al prohibir que los otros parientes de Jenny asistieran a su funeral es increí*ble. Oramos que por medio de nuestro testimonio, las personas que estí©n atrapadas en el cautiverio despierten a la libertad que solo se puede encontrar en Cristo Jesíºs.

Si usted es Testigo de Jehoví¡, usted y yo sabemos que a usted se le ha prohibido leer esta información. Si lo atrapan con este folleto, los ancianos de los Testigos de Jehoví¡ tomarí¡n acción judicial contra usted. En la organización de la Watchtower no hay lugar para el pensamiento individual. Sin embargo, puesto que usted ha leí*do hasta aquí*, por favor tome el paso que le traerí¡ la verdad satisfacción que usted no ha podido hallar. Medite en las numerosas horas que usted ha invertido trabajando para la organización, las cuales han resultado en un vací*o espiritual que no puede ser llenado sirviendo a una organización de hechura humana. Ponga su confianza en Jesucristo, quien murió por usted, y podrí¡ descubrir que solo El puede proveer la paz que usted este buscando. Ponga al lado sus publicaciones de la Watchtower y lea la Palabra de Dios, la Biblia, y permita que el Espí*ritu Santo lo guí*e a la salvación en Jesucristo. ¿Quí© le costarí¡ esto? La vida eterna es un don gratuito.
Paul Blizard
[line]http://www.apologetica.org/paul.htm